Cada
día, más de 8.000 personas mueren de SIDA. Cada hora, cerca de 600
personas se infectan. Cada minuto, un niño muere a causa del virus. Al
igual que la vida -y la muerte- siguen adelante después del 11 de
septiembre, nosotros debemos continuar nuestra lucha contra la epidemia
de VIH/SIDA. Antes de los ataques terroristas de hace dos meses, un
formidable impulso se había logrado en esa lucha. Perder ese impulso
sería agravar una tragedia con la otra.
El
VIH/SIDA es un desastre de proporciones globales. Nuevos datos,
publicados antes del Día Mundial de Lucha contra el SIDA el 1 de
diciembre, muestran que más de 40 millones de personas viven con el
virus. La amplia mayoría de ellos está en el Africa Subsahariana, donde
la devastación es tan aguda que se ha convertido uno de los principales
obstáculos al desarrollo, empobreciendo países enteros y limitando sus
posibilidades de recuperación. Pero zonas del Caribe y de Asia no están
tan atrás, y la pandemia también se está extendiendo en una tasa
alarmante en el este de Europa.
Articulo de opinion del Secretario General Annan Kofi el 29-11-2001
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